Whatever USA

Documentary and media research / Documental e investigación de medios

A video documentary by Eliseo Ortiz, produced by Dalia Reyes / Un video documental por Eliseo Ortiz, producido por Dalia Reyes

"Whatever USA" is a single channel 60-minute video documentary for theatrical exhibition. The theme of this piece emerged primarily from an advertisement campaign that Bud Light released to promote the production of a music festival called "Whatever, USA". This event took place in two tourist-oriented towns in the United States: Crested Butte, Colorado and Avalon City, California. Motivated by this media phenomenon I engaged in the development of a field research in order to disclose what is behind Bud Light's advertisement campaign: What are these places and who lives there? Through the testimonies of several permanent residents in Crested Butte and Avalon City, this experimental documentary will tell a divergent story about modern tourism in America. Their stories will highlight the binary between the fabricated advertisement and the actual cultural landscapes. After finding themselves submerged in a space constructed by the commercial infrastructure of Bud Light, these subjects will share their thoughts and feelings about the future of their local economy. The research made for this documentary has been funded with support from CONARTE (The Council for the Culture and Arts of Nuevo León, México) and Chulada Films.

 

 

"Whatever USA" en un video documental con duración de 60 minutos para exhibición en salas de cine. El tema de esta pieza surge a partir de la campaña publicitaria que la marca Bud Light produjo y lanzó para promocionar la realización de un festival de música llamado "Whatever, USA". El evento tuvo lugar en dos pueblos turísticos en el suroeste de Estados Unidos: Crested Butte, Colorado y Avalon City, California. Estos dos pueblos son pequeñas economías orientadas al turismo. A partir de este fenómeno social y mediático, a inicios del 2016 realicé una investigación de campo para conocer qué hay detrás de la publicidad de Bud Light: ¿Qué hay en realidad en esos sitios y qué tipo de personas viven ahí? A través de los testimonios de varios residentes permanentes de Crested Butte y Avalon City, este documental experimental va a contar una historia divergente sobre el turismo contemporáneo en Estados Unidos. Sus historias van a enfatizar la dualidad que existe entre la publicidad fabricada y los paisajes culturales existentes. Al descubrirse inmersos en un sitio que la infraestructura comercial de Bud Light se empeñó en construir de forma imaginaria, estos sujetos nos van a compartir su opiniones sobre el futuro de la economía turística local. La investigación realizada para este documental ha sido financiada con el apoyo de PECDA-CONARTE (Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León) y Chulada Films.

 

 

 

Llegué a las montañas del suroeste de Colorado a inicios de Marzo del 2016. Me hospedé en el pueblo de Crested Butte durante una semana y afortunadamente tuve la oportunidad de conversar con varios residentes y registrar algunos testimonios orales. Este pueblo montañoso fue el anfitrión de la primera edición del festival de Bud Light realizado durante el verano del 2014. A 2,800 metros de altitud, Crested Butte es un destino turístico visitado durante casi todo el año; se incorporó al condado de Gunnison a finales del siglo XIX y durante los siguientes cincuenta años basó su economía en la minería de carbón. Sin embargo, la gran depresión americana afectó fuertemente a la industria minera y, por casi treinta años, el pueblo permaneció olvidado, comenzó a hacerse más pequeño y a empobrecerse. A partir de los años sesenta el giro turístico obtuvo relevancia en Crested Butte y se comenzó a desarrollar la infraestructura hotelera y las vías de comunicación que le han permitido atraer al turismo actual. Durante el invierno la nieve es intensa en la parte alta de las montañas y eso convierte a este sitio en un atractivo turístico especialmente para aquellos que buscan resorts para esquiar. En Crested Butte hay opiniones encontradas sobre el tema del turismo. Para algunos residentes es absolutamente necesario preservar el carácter tradicional; mientras tanto, para otros, el turismo de temporada es un motivo de celebración y valoran su aspecto humano. A pesar de eso, parece que la gran mayoría de los residentes permanentes se enfrentan a un cambio paradigmático pues a diferencia de otros destinos turísticos en Estados Unidos, este pueblo montañoso no emerge como una economía orientada al turismo. La fabricación de Mountain Crested Butte ocurre casi cien años después de su fundación; este fenómeno proyecta un contexto social único.

En una cafetería de Crested Butte conocí a Katherine, una cantante de música folk quien ha viajado por algunas partes de Estados Unidos asumiendo una faceta diasporica. Ella fundó, junto con otros músicos de la región, una banda de bluegrass llamada “Free the honey”. Katherine es una entusiasta del desplazamiento y apoya el aspecto humano del turismo en Colorado. Ella nos va a introducir a este documental a través de su música y su historias llenas de optimismo. También conocí a Ron, un hombre afroamericano, ex–infante de marina, quién además es dueño de un restaurante de comida caribeña y por las noches toca el piano en un hotel de Mountain Crested Butte. Su historia es elaborada. Él llegó a las montañas de Colorado huyendo de la ciudad de Nueva York; su vida está marcada por varios episodios de segregación y violencia racial. Ron representa una dimensión muy particular del desplazamiento Americano. El color de su piel y la imposición de creencias religiosas fundamentalistas lo han llevado a deambular dentro de su propio país y establecerse finalmente en el estado de Colorado.

 

 

 

 

Recorriendo la misma ruta que Bud Light siguió para la realización de la segunda edición del evento en el 2015, llegué a Avalon City, California a finales de Marzo. Irónicamente los carteles de bienvenida a Whatever, USA 2.0 anunciaban: “All roads lead to Whatever, USA”. A diferencia de los paisajes montañosos, la nieve, la música y el turismo deportivo del estado de Colorado, Avalon City es un puerto en Santa Catalina Island, ubicada al suroeste de Los Ángeles en el océano pacifico. Para llegar ahí hay que tomar un ferry. Marzo aún es temporada baja, el viento del mar se siente frio y los turistas son pocos en el puerto. En este lugar no hay mucho que hacer durante el invierno; a pesar de esto, los visitantes llegan todos los días de Long Beach, San Pedro y Dana Point. La mayoría de los lugareños trabajan sirviendo en los bares, preparando la comida en restaurantes, atendiendo las tiendas de souvenirs y hoteles, conduciendo taxis o coordinando tours de pesca y buceo deportivo. Algunos son dueños de negocios, otros son solo empleados temporales que llegan de Los Ángeles o San Diego durante la temporada alta y después regresan durante el invierno. La población del puerto, al igual que gran parte del estado de California, es una combinación entre Latinos-hispanos y Anglosajones-blancos; este es uno de los aspectos constitutivos de la ciudad. El puerto se fundó e incorporó al condado de Los Ángeles en 1919 después de que William Wrigley Jr. – un inversionista millonario – comprara la Isla y comenzara a construir hoteles, restaurantes y un malecón decorado con un gran casino. Ese ha sido el contexto socioeconómico en el que se ha construido el puerto de Avalon durante los últimos cien años. La ciudad celebra y conmemora a Wrigley Jr. con múltiples monumentos, un museo, un jardín botánico y un memorial site. A partir de la compra y privatización de la isla, Avalon City emerge como un destino para que los Angelinos adinerados pudieran escapar del ajetreo de la ciudad, comprar casas de campo y relajarse en un paraíso. Santa Catalina Island forma parte de un archipiélago llamado las Islas del canal y actualmente sigue siendo propiedad de Wrigley Company – productora de marcas de goma de mascar como Orbit White y Juicy Fruit. Avalon City es un sitio que se funda y define como un destino turístico privatizado; por lo tanto, esta comunidad no guarda lazos solidos con el espacio. A pesar de ser una comunidad bilingüe con un rico pasado de inmigración, este puerto se ha convertido en una versión exótica del multiculturalismo mexicano-americano y se ha vuelto hacia sí misma de forma tímida e introvertida. Los residentes, por su parte, se definen como islanders sin enfrentarse a preguntas identitarias. Su fundación aislada y privatizada, ha convertido a este sitio en un cadáver vivo con una historia prefabricada; un pueblo turístico mudo que proyecta facetas desdibujadas.

En las calles de Avalon City conocí a Jorge. Él es Mexicano y se estableció en el estado de California de forma accidental. Ha cruzado la frontera entre México y Estados Unidos varias veces. Sus anécdotas son confusas pues su acento es una hibridación entre español e inglés. Él lleva viviendo en Estados Unidos más de veinte años y su historia de vida constituye un ejemplo más de los millones de latinos que cruzan la frontera ilegalmente y se convierten en chicanos. Jorge trabaja lavando platos y limpiando los botes de basura de un restaurante de langosta. Él es muy optimista; a pesar de su edad, su semblante aún es jovial y lleno de vida. A través de sus anécdotas voy a contextualizar el multiculturalismo en Avalon City. En una tienda de artesanías frente al malecón del puerto conocí a Brenda. Ella lleva cinco años viviendo en la isla; llegó de Salt Lake City con sus hijos después de la muerte de su esposo. Ahí pasaban sus vacaciones de verano y el puerto siempre ha sido un atractivo para ella. Tras la muerte de su esposo, compró un barco, vendió su casa en Utah y se mudó a California. Su historia es un poco lúgubre pues a diferencia del resto de mis personajes, ella llega a la isla después de una perdida humana: su desplazamiento es además un duelo.